martes, 3 de junio de 2014

(Paréntesis)

El primer gesto fue mínimo: correr dos milímetros una silla en el bar para sentarse más cerca. Así empezó todo. 
El primer gesto de hastío también fue minúsculo: sirvió un poco menos de café, para que terminaran más rápido de tomarlo y volvieran más rápido a sus cosas. 
Dos ínfimos signos definen el principio y el final de un recreo en sus existencias.

Tamara

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